El aumento constante en los precios de la vivienda en México ha convertido el sueño de tener casa propia en un lujo. Según la Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios (AMPI), se necesita ganar más de 64 mil pesos al mes para acceder a una propiedad promedio, mientras que más de la mitad de los mexicanos vive con menos de 17 mil.
Ciudad de México, 22 de octubre de 2025. — Adquirir una vivienda en México se ha vuelto una meta inalcanzable para la mayoría de las familias. De acuerdo con cifras de la Sociedad Hipotecaria Federal (SHF), el precio promedio de una casa en el país es de 1.8 millones de pesos, monto que solo puede cubrir quien perciba al menos 64 mil pesos mensuales, según estimaciones de la Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios (AMPI).
Sin embargo, la realidad dista mucho de ese escenario. El presidente nacional de la AMPI, Karim Antonio Oviedo Ramírez, señaló que más del 52% de los mexicanos trabaja en la economía informal, con ingresos que rondan los 17 mil pesos mensuales, equivalentes a dos salarios mínimos.
“Hoy, tres personas tendrían que juntar sus ingresos para comprar una vivienda promedio. Ese es el verdadero reto que enfrentamos como país”, enfatizó Oviedo.
Precios suben más rápido que los salarios
El encarecimiento de la vivienda no es un fenómeno reciente. Enrique Margain, director de Crédito Hipotecario en Mifel, explicó que en la última década el precio de los inmuebles ha aumentado 8.4% anual, superando el crecimiento de los salarios y la inflación.
“El valor de las viviendas crece más rápido que los ingresos. Esto alarga los años necesarios para comprar una casa y reduce el número de familias con capacidad real para hacerlo”, señaló.
Esta brecha ha provocado un cambio en los hábitos de consumo y vivienda: los jóvenes tardan más en independizarse, muchos optan por alquiler compartido y quienes logran comprar una propiedad suelen adquirir espacios más pequeños debido a la pérdida del poder adquisitivo.
Riesgo para la estabilidad económica
El problema trasciende lo individual. Oviedo advirtió que el incremento sostenido en los precios de vivienda podría convertirse en un riesgo sistémico para la economía mexicana, tal como ha ocurrido en otras naciones.
“Si seguimos como vamos, podríamos enfrentar una crisis inmobiliaria en los próximos cinco años. Se crean burbujas que desestabilizan al país, y no estamos viendo la magnitud del problema”, alertó.
Financiamiento limitado y falta de inclusión
Otro obstáculo importante es el acceso al crédito hipotecario, que se concentra en trabajadores con empleo formal. Según Margain, solo el 30% de los créditos se otorgan a personas no afiliadas a instituciones como Infonavit o Fovissste, dejando fuera a millones de trabajadores independientes.
“Es necesario diseñar esquemas financieros que permitan evaluar mejor la capacidad de pago de este sector, fomentar el ahorro y aprovechar herramientas tecnológicas para ampliar la inclusión”, explicó el directivo bancario.
Oviedo coincidió en que el financiamiento para la economía informal es clave para reducir la brecha habitacional.
“Los programas gubernamentales como Vivienda para el Bienestar son insuficientes. Hay que atender también a quienes no tienen acceso a créditos institucionales o subsidios”, concluyó.
En estados con fuerte crecimiento demográfico como Quintana Roo, el encarecimiento del suelo y la alta demanda por parte del turismo y la migración laboral han disparado los precios de vivienda, agravando la desigualdad entre quienes pueden comprar y quienes solo pueden rentar.



































